08 febrero 2011

Ryan Adams, la involución de un genio

Todo un genio, Ryan Adams (no confundan con el músico canadiense) ha sido, junto con bandas como Wilco o Jayhawks, uno de los precursores de esa nueva ola del country rock alternativo. Experimental e intimista, vuelve a la carga tras una etapa lejos de la música para, desgraciadamente, abrazar sonidos más comerciales, aún sin olvidarse de los medios tiempos que con tanta elegancia ha desarrollado todo este tiempo.


Tras un extraño proyecto llamado 'Orion' (2010), un álbum conceptual y muy original, este 'III/IV', que se intuía un 'pelotazo' no alcanza a cumplir las grandes expectativas que teníamos depositadas. Está lejos de sus Whiskeytown, de su personalidad, de su su estilo tan característico, del más puro rock and roll de nueva creación.

Las letras, como siempre eso sí, se cosen en torno a los círculos y experiencias acerca del amor y los corazones rotos. Pero mejor pasar página y resignarse. Me enganchó con 'Heartbreaker' (2000) y me llegó hasta el fondo con 'Gold' (2001), me apasionó con 'Demolition' (2002) para conquistarme con 'Rock and roll' (2003). Fueron increíbles sus incursiones en 'Jacksonville City Nights' (2005) y, sobre todo, en 'Cold Roses' (2006), aunque se metió en embarrados caminos en los últimos trabajos como 'Easy Tiger' (2006) o 'Cardinology' (2008).

Ahora, este disco, que reúne 21 pobres y tristes canciones, se basa en un pop-rock mediocre y plano. Casi sin aportar nada. Más de lo mismo y más de lo que se está escuchando en las radiofórmulas. Una malquerida involución, donde no queda nada del estilo de antaño. Nada que destacar. Pero, ¿qué te ha pasado Ryan? ¿Qué hemos hecho para merecer esto?

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